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Antecedentes

El mundo está experimentando cambios profundos en todos los ámbitos, que se pueden constatar en el dinamismo de la economía, la sociedad, la cultura y el pensamiento. Las crisis marcan nuestro tiempo, pues como nunca antes en la historia del capitalismo se entrecruzan varias crisis: la ambiental, del trabajo, la energética, la alimentaria y ahora también la crisis financiera global, todas ellas, a su vez, son expresión de una crisis civilizatoria que amenaza a la humanidad misma.

La globalización ha sido uno de las formas que adopta la expansión de las relaciones capitalistas de producción en los últimos tiempos. La serie de transformaciones que ella conlleva y sus impactos en las perspectivas de desarrollo de numerosos países y regiones, ha puesto en cuestión grandes enfoques teóricos que trataban de explicar la dinámica de los procesos económicos, sociales y culturales.
Aunque la globalización se ha descrito mayormente en términos del dinamismo económico, estos procesos guardan también una dimensión social, política y cultural. Una muestra de ello es el resurgimiento y reconocimiento de nuevos dinamismos en las economías regionales o locales, como espacios en los cuales se concretizan procesos más amplios y en los que se hacen evidentes las particularidades culturales y la importancia de las instituciones y redes de relaciones sociales que ahí se desenvuelven.
El análisis del desarrollo local presenta como requisito primero, discutir el concepto de desarrollo, con toda la complejidad que desde la perspectiva del conocimiento (discusiones críticas entre economía, sociología, antropología social, política y gestión pública).

En las últimas décadas, los procesos de desarrollo de Chiapas no convergen con el nacional, de hecho, se alejan debido al lento o nulo crecimiento económico, distribución regresiva del ingreso y bajos niveles en la calidad de vida. Para impulsar el desarrollo de la entidad se requiere de un plan socio-económico que atienda las necesidades de la población que se ve afectada por:

Las condiciones de desigualdad y exclusión social que se manifiestan en procesos de marginación, pobreza, migración, y débil desarrollo del capital social y humano.

El ritmo lento de crecimiento económico, los escasos encadenamientos y desarrollo de sistemas productivos, la baja capacidad de innovación y adopción tecnológica y las dificultades de acceso a los mercados.

La degradación de los recursos naturales por su inadecuado uso y manejo, así como el deterioro del patrimonio cultural.

La debilidad política e institucional resultado de una incipiente democracia, escasa participación social en la hechura de la política pública, deficiencia en la planeación y gestión territorial.

En años recientes, como resultado de una (auto) crítica sobre las experiencias fallidas de desarrollo regional, y además influidos por las experiencias y teorizaciones europeas sobre desarrollo local, algunos académicos que habían estado apegados al concepto de región vienen centrándose en la noción de territorio. De manera similar, los actores políticos y sus asesores han entendido este concepto como un “espacio de potencialidades locales” o de “recursos escondidos” para el desarrollo, y se le ha aceptado en los círculos gubernamentales como el espacio apropiado de análisis.

Los analistas del desarrollo local han enfatizado la multidimensionalidad, la nueva concepción del territorio, la endogeneidad de los procesos, y participación activa de los actores locales en los procesos de cambio (Enríquez, 2008). La multidimensionalidad hace referencia a que en el territorio interactúan, se complementan y condicionan, procesos de orden económico, sociales, políticos, institucionales y culturales-identitarias. El territorio ya no se considera tan solo como el marco físico que sirve de soporte a las relaciones de tipo económico y social determinadas desde el exterior, sino que alude a una concepción donde agentes económicos y sociales, públicos y privados, institucionales y particulares, combinan relaciones de competencia y cooperación, tejen y organizan un entramado de relaciones e intereses que dan como resultado una construcción social específica.

Los procesos de desarrollo local son de naturaleza endógena, porque en la medida que desde los territorios existan, estén desarrolladas o se puedan desarrollar las capacidades para construir iniciativas o proyectos comunes, se podrán utilizar factores, tanto económicos y productivos como humanos, naturales, sociales y tecnológicos con la finalidad de elevar la calidad de vida de la población.

Los actores locales se convierten en el motor del desarrollo por su capacidad para promover y gestionar iniciativas de manera concertada. La construcción y desarrollo de un proyecto común en distintas escalas, implica la participación de actores públicos de diferente nivel institucional, así como la cooperación entre el sector público y el privado. Además de desarrollar estrategias de colaboración y alianza con actores “externos”, para la conducción de las políticas de desarrollo local.